Yo, poniéndole fechas de caducidad a todo. Como si importara más cuándo lo consiga al hecho en sí de conseguirlo.
Yo, poniéndome mis propias barreras y quejándome por tropezar en mis propios obstáculos.
Yo, que tenía como uno de mis lemas aquella fase de Scrubs "Nada de lo que merece la pena en esta vida es fácil".
Yo, replanteándome toda mi vida después de todo lo corrido.
Hace poco leí un artículo que decía que nuestro cerebro toma las decisiones antes incluso de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Cuando aún estamos debatiendo qué hacer. Antes de acabar esa lista mental de pros y contras, él ya lo tiene claro, sólo que le gusta hacernos sufrir, aunque sólo sea por 200 milisegundos (eso es mucho sufrimiento).
Así que vale cerebro, tú ganas, all-in al negro. Que no se diga que no lo hemos intentado.
Y aunque sigo buscándome, por lo menos hay partes de mí que ya voy encontrando. Todos necesitamos esos momentos de caer al pozo, para empezar a ver otra vez la luz (aunque sea a lo lejos).
lunes, 15 de febrero de 2016
viernes, 11 de diciembre de 2015
Pisos "nuevos" y esas cosas...
Últimamente me he convertido en una experta
en cómo montar muebles del Ikea, cómo subir una nevera entre dos personas que
en principio no cabe en el ascensor, cuántos litros de pintura se necesitan
para pintar noventa metros cuadrados, cómo intoxicarte con el Cillit Bang, encontrar
las mejores ofertas y aprovechar todos los Black
Fridays, Red Mondays y Stupids Sundays que existan.
La verdad es que hacer habitable un piso te
enseña muchas cosas. Como por ejemplo, que tardan un mes en llevarte un sofá a
casa (como pronto), pero que mientras puedes hacerte tú misma uno con unos
cartones en el suelo (para que no esté tan frío), unos edredones encima (para
que no esté tan duro) y una almohada en la pared (para tener algo así como
medio respaldo). Que no es lo más cómodo del mundo, pero oye he visto en
tiendas sofás más bonitos pero mucho más incómodos.
También aprendes que se pueden hacer huevos
fritos en un cazo, que una olla llena de hielos y latas de cerveza envueltas en
papel de periódico es igual de eficaz que una nevera, que en una casa
deshabitada y medio vacía hace un frío polar, que a veces la tapa de un váter
puede ser más caro que cambiar el váter entero…
Estoy aprendiendo muchas cosas de esta experiencia,
menos mal que ya va quedando “menos”.
miércoles, 3 de junio de 2015
No lo tomes literal
Como
muchos otros niños, cuando era pequeña, tenía miedo a la oscuridad. Y llegó un
punto en el que mis padres me decían que ya era mayor como para tener miedo, y
que no podía dormir con la luz del pasillo encendida. Así que la apagaban, y yo
sólo pensaba en dormirme lo antes posible para que no me comieran los
monstruos.
A lo
mejor por eso pensaba que hacerse mayor era perder los miedos, que la gente
adulta no temía a nada. Recuerdo que sólo la presencia de los adultos ya hacía
que me sintiera segura, porque pensaba que si yo no podía con algo, al menos ellos
podían enfrentarse a todo.
Y ahora
que ya no soy una niña, creo que cada vez tengo más miedos. Ser consciente del riesgo que
conllevan algunas situaciones es necesario, pero no bueno en exceso. Y yo soy
una persona que le da muchas vueltas a las cosas, y pienso en todas las
posibles consecuencias que puede tener esa acción que me resulta desconocida en
principio -aunque luego la haga- pero muchas veces la hago con miedo, y eso ya
quita un poco la gracia a todo.
Cuando
somos pequeños nos da igual caer, de hecho nos tiramos apropósito sabiendo que
nos vamos a levantar igual. En cambio, cuando crecemos nuestro cuerpo empieza a
resentirse un poco con tanta caída y ya no nos da tan igual eso de que pase lo que tenga que pasar que yo lo
hago.
A veces
pienso en cómo algunas personas son capaces de llegar tan lejos, cuando yo me
canso al primer kilómetro. Y creo que la respuesta es no tener en mente las
consecuencias, porque no sirve de nada. Eso no significa no valorar la situación o no tener en mente un
objetivo, no confundamos. Pero no hay fórmula secreta, la mayoría de la gente (por no hablar de
toda) vive improvisando, porque es lo único que funciona, porque no sabes con
qué obstáculos (o rampas) te vas a encontrar.
Así que
he decidido que si los monstruos me quieren comer que me coman, y que si me
tengo que levantar un poco dolorida pues ya se curará, pero que al final los
niños siempre son los más valientes, porque como se suele decir “valiente no es
aquél que no tiene miedos”.
viernes, 9 de enero de 2015
Non, Je Ne Regrette Rien
Dentro
de nada cumplo 26 años, en la flor de la vida estoy (pochándose como la de La Bella y la Bestia) así que, creo que
es buen momento para escribirle una carta a mi yomásjoven, que falta le hace. Y para qué engañarnos, estoy de
exámenes y no quiero estudiar (algunas cosas nunca cambian).
Querida jovenyo, sé que estás más perdida que
nada en el mundo, que no sabes ni lo que te va a pasar mañana como para pensar
en un futuro más lejano… Pero como sé cuántas veces te hubiera gustado ver qué pasaría un poco más allá de lo que estás viviendo ahora mismo, te voy a dar
algunos consejos para que veas las consecuencias de tus decisiones.
Deja el
conservatorio, que no la música. Que sí, que te “costó” entrar, que al final
echarás de menos la guitarra, pero la obligación de ir a solfeo te está
agobiando mucho. No es el momento, estás en una etapa de cambios, pero no hagas
caso de lo que dice tu padre, no te vas a arrepentir. No hagas como yo, y
abandones el instrumento, sigue por tu cuenta, yo algún día (espero que de este
año) la retomaré.
Te
diría que no te metas en el bachillerato científico-técnico, que tú vales para
biología, que es lo que te gusta, aunque odies a la profesora con todo tu ser…
pero si me haces caso, y cambias el camino, vas a perderte tanto… Describiría
segundo de bachiller como el peor y el mejor año de tu vida, porque realmente
hubo de todo.
Cuando
cumplas 17 tu hermano se irá de casa, y todo va a cambiar. Y sí, si las cosas
en casa siguen igual que cuando yo tenía esa edad,
repetirás curso (tranquila que hay cosas peores). Y eso que nunca pensaste que
pasaría… lamentablemente pasará.
Vas a llorar muchísimo, vas a estar más perdida y confundida que nunca, pero no
vas a estar sola. También vas a reír muchísimo, y vas a hacer y ver cosas que
no hubieras imaginado, tiempo al tiempo.
Tendrás
tu primer trabajo, y aunque tus padres no confíen y piensen que una jornada completa
mientras estudias no es una buena opción, créeme que lo es, y te va a venir muy
bien.
Vas a
tener que elegir en un montón de aspectos de tu vida, por no decir en todos… pero
confía en ti, porque lo harás bien.
Empezarás
un grado superior en el que vas a conocer a gente estupenda, pero no te
encariñes mucho con ellos, porque vas a durar menos de dos semanas. Te van a
llamar de la universidad cuando ya lo dabas por perdido, y vas a entrar en esa
carrera que siempre quisiste.
Vas a
pasar una etapa universitaria estupenda, tan buena, que al llegar al final
serás de las pocas que no quiere que acabe. Y cuando llegue ese momento, te
apresurarás a escoger un nuevo camino.
Empezarás
un Máster, que ahora podría decirte que no empieces, pero no sería justa
contigo. Porque si te digo que hagas otra cosa, te vas a quedar con esa
espinita que no te vas a poder quitar, porque te conozco, y sé que tienes que
hacerlo. Así que inscríbete en este como primera opción, y rechaza el otro
aunque te propongan plaza. Va a ser duro, pero las prácticas te van a encantar,
aunque no estuviera como elección en la lista, aunque te las propusieran por sorpresa, no dudes en coger la plaza, estás
encontrando tu camino. Sólo por eso, todo el Máster ha merecido la pena.
Ah, y
acuérdate de viajar, viaja mucho, a donde sea, pero mínimo una vez al año. Lo
que ganes en esos viajes, no lo vas a ganar con nada, y recuerda tu lema “no es dinero perdido, sino invertido”.
Y por supuesto, a lo
largo de todo este proceso vas a conocer y vas a perder a gente. Pero aún no
tienes ni idea de las vueltas que da la vida.
Me he dejado muchas cosas en el tintero, probablemente las mejores, pero hay cosas que es mejor que te sorprendan como me sorprendieron a mí.
En definitiva,
sigue como hasta ahora, porque lo estás haciendo bien, aunque ni tú misma lo
creas.
sábado, 3 de enero de 2015
¡Feliz 2015!
De este nuevo año espero alegrías, pero
también decepciones, porque eso significaría que sigo esperando algo de todo (odio
la impasividad).
Espero acertar en muchos aspectos, pero nunca
está mal que te abran los ojos con algún que otro fallo (no muy grave, tampoco seamos
masocas), y si la cosa se nos va de las manos… a veces tocar fondo te hace
coger impulso y recargar las pilas más que nunca.
No olvidar “que las cosas más fuertes son las que
nacen en la adversidad”. Pero sobre todo espero fallar para que no me
dé tanto miedo, que a veces el vértigo te hace perder las mejores vistas.
Espero que se presenten muchos retos, y
recordar que jugar apostando por uno mismo es arriesgado pero seguro, porque
siempre merece la pena.
Espero encontrar nuevos caminos que andar, y
a poder ser en buena compañía. Supongo que me encontraré con nuevas personas
por el camino, pero me conformo con seguir el paseo con los que ya están.
Descubrir cosas con ellos siempre ha sido interesante, y si nos perdemos de
nuevo, que sea juntos.
Espero ver muchos más amaneceres desde
distintas localizaciones, aunque mis mejores historias siempre han sido al atardecer. Por eso espero seguir fotografiando atardeceres.
Espero reír tanto que acabe llorando, y
llorar tanto que acabe riendo. Que el dolor no siempre es malo, y que tener miedo
a ciertas cosas a veces sólo significa que lo estás haciendo bien, que no sea
un impedimento para lograr lo que quiero.
Espero que mis ojeras siempre tengan algo que
contar, y que si me cuesta dormir sea por la intensidad del día.
Espero cargar la responsabilidad de todo esto
a mí misma, porque todo depende de hasta donde yo me atreva a asomarme, e
incluso saltar.
Espero que, de algún modo, me rompan los
esquemas.
Sólo espero que merezca la pena.
Sólo espero que merezca la pena.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Ikea
Aunque parezca increíble, no voy a hablar del nuevo anuncio de Navidad de Ikea. Que me parece un gran anuncio (como casi todos los de la marca), aunque igual debería achacarlo un poco también a mi síndrome premenstrual...
Bueno, hablaré de él cuando haga el experimento con mis sobrinos, que no me creo yo que a todos los niños les nazca decir eso así de pum. Por si alguien aún no ha visto el anuncio, aquí lo dejo.
Yo vengo aquí a hablar de mi única experiencia en el Ikea.
Porque yo siempre había querido ir a esta tienda sueca. Después de escuchar todas esas historias sobre sus tartas de mierda (literalmente) y sus riquísimas albóndigas de carne de dudosa procedencia... a mí me tenían ganada, y no me creo que alguien no quisiera ir, aunque sólo fuera por probar su exótica comida.
Y bueno, la parte de muebles pues... supongo que como a casi toda mujer, a mí todo lo que sea decoración, velitas y pijotadas así... me chifla. Así que cuando abrieron el Ikea de mi ciudad, allá que fui con una amiga.
Para empezar, menos mal que fui con alguien que ya había ido, porque a mí me sueltas allí sola, y no sé ni encontrar la entrada. Si mi amiga ya había ido, y tuvimos que subir y bajar un par de veces las escaleras sólo para encontrar los carros...
Pero bueno, una vez conseguido el carro, nos andentramos en los enormes pasillos por los que tienes que pasar por narices, te guste o no. Yo iba como los caballos cuando les limitas las visión lateral -sé que adoráis mi gran capacidad de expresión-, lo visualizáis, no? yo iba a por mi silla de escritorio, y no tenía dinero para más, así que mirar para no comprar es tontería.
Adivináis dónde estaban las sillas de escritorio, verdad? Efectivamente, al final de todo el maldito Ikea, al lado de las cajas. Aunque total, iba a tener que pasar por allí aunque hubieran estado al principio, es la magia del Ikea.
Otra razón por la que menos mal que no iba sola, es que allí todo va por código. Yo no entendía nada, yo quería mi silla de escritorio, normalita, nada más. Menos mal que mi amiga se defendía en el "idioma" y encontró mi silla, o el hueco donde debería estar al menos, porque como yo soy pobre y voy a lo más barato, habían volado todas. Así que preguntamos por si tenían más en el almacén, y el amable chico me dijo que mirara en otro rincón, que igual quedaba allí alguna. Y sí, allí estaban las cuatro que quedaban. Así que después de casi abrirme la cabeza para sacar una, fuimos a la caja, que como la teníamos delante no había más pérdida.
Ya sólo por encontrar mi silla entre tanto código, y cargarla sin ayuda con lo poca cosa que soy yo, estaba orgullosa. Pero lo bueno del Ikea, es que la experiencia no acaba en la tienda, porque como luego tú en casa te conviertes en el manitas del vecindario, aún puedes seguir disfrutando.
Aquí os dejo los pasos a seguir del manitas del Ikea:
1. Abrir la caja y sacar todas las piezas.
2. Flipar al ver que una de las piezas está metida en el respaldo de la silla (a propósito quiero decir).
3. Sacar todos los tornillitos.
4. Contar los tornillitos y corroborar que no falta ninguno.
5. Mini-infarto al ver que de repente te faltan tornillos.
6. Respirar al ver que estás sentada encima de unos pocos.
7. Mirar las instrucciones y empezar a montar.
8. Cansarte.
9. Montar los reposa brazos al revés.
10. Desmontar y volver a montarlos (mientras te llamas inútil a ti misma).
11. Apretar todos los tornillos otra vez (no vaya a ser que te sientes y se desmonte la silla).
12. Probar la silla con temor (esto varía según la confianza que cada uno tenga en sí mismo).
13. Sentirte orgullosa de tu "construcción".
Y así fue como ahora puedo escribiros desde mi nueva silla, que debe tener media España.
En la próxima edición de aprende a ser un/a manitas, os contaré como arreglé mi persiana casi por arte de magia.
Bueno, hablaré de él cuando haga el experimento con mis sobrinos, que no me creo yo que a todos los niños les nazca decir eso así de pum. Por si alguien aún no ha visto el anuncio, aquí lo dejo.
Yo vengo aquí a hablar de mi única experiencia en el Ikea.
Porque yo siempre había querido ir a esta tienda sueca. Después de escuchar todas esas historias sobre sus tartas de mierda (literalmente) y sus riquísimas albóndigas de carne de dudosa procedencia... a mí me tenían ganada, y no me creo que alguien no quisiera ir, aunque sólo fuera por probar su exótica comida.
Y bueno, la parte de muebles pues... supongo que como a casi toda mujer, a mí todo lo que sea decoración, velitas y pijotadas así... me chifla. Así que cuando abrieron el Ikea de mi ciudad, allá que fui con una amiga.
Para empezar, menos mal que fui con alguien que ya había ido, porque a mí me sueltas allí sola, y no sé ni encontrar la entrada. Si mi amiga ya había ido, y tuvimos que subir y bajar un par de veces las escaleras sólo para encontrar los carros...
Pero bueno, una vez conseguido el carro, nos andentramos en los enormes pasillos por los que tienes que pasar por narices, te guste o no. Yo iba como los caballos cuando les limitas las visión lateral -sé que adoráis mi gran capacidad de expresión-, lo visualizáis, no? yo iba a por mi silla de escritorio, y no tenía dinero para más, así que mirar para no comprar es tontería.
Adivináis dónde estaban las sillas de escritorio, verdad? Efectivamente, al final de todo el maldito Ikea, al lado de las cajas. Aunque total, iba a tener que pasar por allí aunque hubieran estado al principio, es la magia del Ikea.
Otra razón por la que menos mal que no iba sola, es que allí todo va por código. Yo no entendía nada, yo quería mi silla de escritorio, normalita, nada más. Menos mal que mi amiga se defendía en el "idioma" y encontró mi silla, o el hueco donde debería estar al menos, porque como yo soy pobre y voy a lo más barato, habían volado todas. Así que preguntamos por si tenían más en el almacén, y el amable chico me dijo que mirara en otro rincón, que igual quedaba allí alguna. Y sí, allí estaban las cuatro que quedaban. Así que después de casi abrirme la cabeza para sacar una, fuimos a la caja, que como la teníamos delante no había más pérdida.
Ya sólo por encontrar mi silla entre tanto código, y cargarla sin ayuda con lo poca cosa que soy yo, estaba orgullosa. Pero lo bueno del Ikea, es que la experiencia no acaba en la tienda, porque como luego tú en casa te conviertes en el manitas del vecindario, aún puedes seguir disfrutando.
Aquí os dejo los pasos a seguir del manitas del Ikea:
1. Abrir la caja y sacar todas las piezas.
2. Flipar al ver que una de las piezas está metida en el respaldo de la silla (a propósito quiero decir).
3. Sacar todos los tornillitos.
4. Contar los tornillitos y corroborar que no falta ninguno.
5. Mini-infarto al ver que de repente te faltan tornillos.
6. Respirar al ver que estás sentada encima de unos pocos.
7. Mirar las instrucciones y empezar a montar.
8. Cansarte.
9. Montar los reposa brazos al revés.
10. Desmontar y volver a montarlos (mientras te llamas inútil a ti misma).
11. Apretar todos los tornillos otra vez (no vaya a ser que te sientes y se desmonte la silla).
12. Probar la silla con temor (esto varía según la confianza que cada uno tenga en sí mismo).
13. Sentirte orgullosa de tu "construcción".
Y así fue como ahora puedo escribiros desde mi nueva silla, que debe tener media España.
En la próxima edición de aprende a ser un/a manitas, os contaré como arreglé mi persiana casi por arte de magia.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Caminante no hay camino...
Dentro
de unos meses volveré a ese punto en el que estaba hace casi dos años. En realidad
creo que no llegué a salir de él, pero bueno.
Dentro
de unos meses tendré que replantearme mi vida otra vez. Y para no pensar en
todo esto que me agobia un poco, pues me puse a leer esas libretas que tengo
repartidas por la habitación. Esas libretas que escribí hace ya muchos muchos
años, y que me hacen recordar lo perdida que estaba (más que nunca), y lo bien
que encontré el camino al final.
Así que
mejor dejar que las cosas vayan pasando, y los pasos vayan formando solos el
camino.
Por
otra parte, ya es Noviembre ¡al fin! al fin puedo escribir esto tapada con una
mantita y disfrutando de una taza caliente de café. Y no me vengáis con que el
frío es horrible, porque ya tocaba, y lo sabés. Que los amantes del calor habéis tenido 4
meses de temperaturas que rondaban los 30 grados, y los 40 también. Mi
criptonita.
Noviembre
este año viene acompañado de una escapada a las tierras alemanas, que ya las
echamos de menos. Va a ser una estancia breve, pero la vamos a exprimir al
máximo, como siempre.
De
normal suelen pasarme cosas no muy buenas este mes, pero este año me voy a
centrar en lo positivo. Así que adelante, estoy preparada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
